Sobre Nalda · Historia personal
Una vida que encontró un nuevo hilo.
Soy Josefina Guadías, aunque mi familia y mis amigos me llaman Nalda. Soy dominicana y vivo en Suiza desde 1995. Esta es la historia de cómo una etapa de búsqueda, fe y memoria me llevó a comenzar a tejer.
República Dominicana · Suiza
Antes del tejido ya estaban las manos, la mirada y el cuidado.
La historia de Nalda no comenzó con un bolso. Se formó como peluquera y maquillista, y durante años trabajó en un mundo donde escuchar, observar y cuidar cada detalle eran parte del oficio.
Tras el nacimiento de su hija hizo una pausa. Más adelante volvió al ámbito de la belleza a través de la venta de cosméticos, maquillaje y perfumes para distintas firmas, amplió su formación en visagismo y estudió cosmética medicinal en Suiza. También se preparó para acompañar a personas mayores, una experiencia que reforzó su vocación de servicio.
El día en que todo empezó a entretejerse.
A comienzos de 2025, Nalda llevaba meses orando y pidiendo una dirección para su vida. Al quedarse sin trabajo, esa búsqueda se hizo todavía más profunda. El día de su cumpleaños pidió sabiduría y una idea que pudiera convertirse a la vez en pasatiempo y proyecto propio.
Según recuerda, la respuesta llegó con una frase sencilla y persistente:
“Ponte a tejer.”
Aquella noche encontró un video de una joven confeccionando una cartera. Lo vivió como la confirmación que había pedido. Al día siguiente compró los materiales y se permitió probar.
Una memoria de infancia
El primer diseño ya vivía en sus recuerdos.
Al pensar por dónde comenzar, regresó a un bolso que había sido su favorito cuando era niña. Esa imagen se convirtió en guía: no se trataba solo de aprender una técnica, sino de recuperar una forma querida y traducirla con sus propias manos.
Punto a punto, comenzó a descubrir el tejido y a dejar espacio para nuevas ideas. La experiencia adquirida en belleza seguía presente: el sentido del color, la armonía de las formas y la atención al acabado encontraron un lenguaje nuevo.
Práctica, ánimo y gratitud
Cada pieza abrió paso a la siguiente.
Cuando empezó a mostrar sus primeros bolsos, las personas de su entorno la animaron a compartirlos y ofrecerlos. Sus palabras le dieron impulso, pero fue la práctica diaria la que fue afinando cada punto, cada proporción y cada terminación.
Hoy Nalda entiende este proyecto como un regalo y una misión personal. Su fe ocupa el centro de su historia: es la fuente a la que atribuye la dirección, las ideas y la fuerza para seguir aprendiendo. Por eso cada modelo nace sin prisa, con gratitud y con el deseo de crear algo verdaderamente singular.
La historia continúa
Lo que comenzó con una oración, un recuerdo y una primera prueba es hoy una colección que sigue creciendo punto a punto.